El Bosque de las Luciérnagas

Algunos decían que no existía, otros creían en él. Muchos, muchos pasaban de la idea y unos muy pocos jamás confesarán que pisaron su suelo. Aunque seguramente disfracen la verdad y conviertan la experiencia en un cuento que relatarán a los más pequeños a la hora de llevarlos a la cama.

Pero la realidad, ah la realidad! Es la que tú quieras imaginar; pues imaginando la realidad, realizarás tu imaginación. Decían que se encontraba cerca del río, del ancho río que bañaba las costas de Kalolandia; ese país en el que la música se escuchaba todo el tiempo. Definitivamente sí, se hallaba cerca del río, del ancho río, que aunque no se veía desde el bosque, el rumor de sus aguas y el aroma de sus riberas denotaban su cercana presencia.

Cuánto tiempo has andado; cuántas veces te hablaron del Bosque de las Luciérnagas; cuántas veces los desoíste; cuántas creíste no estar preparado; cuántas intentaste disparar el arco zen buscando ese blanco que te mostraban y tú nunca veías. El Bosque de las Luciérnagas ya no es espejismo, ya no es quimera. Allí está. Cerca del río, del ancho río.

Tú ya lo has percibido. Transformaste esa cárcel en alfombra voladora y el navío de una sola vela te trajo por el río, el ancho río hasta el Bosque de las Luciérnagas para descalzarte y caminar por su verdor. Para inspirar sus aromas, para aromatizarte de inspiración.

Y has descubierto que no te encuentras solo en el Bosque de las Luciérnagas. Tus queridos están con vos. Si hasta el Hada del Bosque que alguna vez te hablara de nuestras cárceles del alma que son tan nuestras como la libertad de navegar, se paró frente a ti en el Bosque de las Luciérnagas extendiendo su mano para mirarte sin hablar, para decirte sin decir aquello que tú, ahora sí, has comprendido.

Cae la noche en el Bosque de las Luciérnagas. La luz que apenas se filtraba por la espesura de su fronda se desvanece. Entonces sí aparecen ellas: las luciérnagas, sus habitantes nocturnos, sus dueñas. Titilan nerviosamente alrededor del Hada entregándole, como cada noche desde hace siglos, el profundo secreto de la armonía que ella revelará a los que encuentren el Bosque.

Ya es noche en Kalolandia. Cerca se oye el río, el ancho río.

JAC

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